Odisea hacia el sueño americano — Por Henry Veliz


A pesar de las promesas efímeras de los gobiernos de turno, el fluyo de inmigrantes latinoamericanos hacia Estados Unidos no cesa, y por el contrario, ha aumentado en las últimas décadas.

Con la reciente elección (y también probable reelección) del polémico empresario Donald Trump en la presidencia de Estados Unidos, se creyó que el flujo de inmigrantes hacia el país del norte disminuiría debido a la postura frontal del presidente norteamericano hacia la inmigración ilegal, sin embargo, los latinos que emprenden la peligrosa travesía hacia el gigante del Norte no parecen disminuir. Y es que a pesar de sus bajas, la economía estadounidense aún sigue siendo fuerte y atractiva a nivel mundial.

A principios del presente milenio, el gobierno estadounidense colocó sobre la mesa un proyecto para dar amnistía a los inmigrantes indocumentados en el país, pero que fue muy criticada en su momento por ser excluyente hacia los centroamericanos, entre otros detalles. Problema por el que siempre han sido criticados los gobiernos de América Central en comparación al gobierno mexicano, en cuanto a apoyo consular se refiere.

No es un secreto que las remesas de los inmigrantes han sido los ejes de sus respectivos países de origen, siendo los impulsores de las economías y un bálsamo ante la precarias condiciones en las que se encuentran la mayoría de sus familiares. En lo que respecta a Guatemala, se estima que ingresan a sus arcas económicas más de  500 millones de dólares por año, que benefician a más de 1 millón de guatemaltecos. Pero a pesar de ello, los gobiernos guatemaltecos, en específico los Ministerios de Relaciones Exteriores que han ejercido, han mostrado mucha apatía hacia el tema, con pocas posturas firmes para ayudar a los connacionales que viven en el país del Norte.

La reciente polémica Nacional sobre el acuerdo de “Tercer País Seguro” trajo a flote la incapacidad de nuestro país de albergar los miles de viajeros provenientes del resto del continente, que esperarían en suelo guatemalteco mientras se solucionan sus trámites migratorios. A todo esto se suma los ya conocidos peligros que enfrentan los viajeros en su travesía, siendo víctimas de asaltos, violaciones o estafas, o irónicamente en los “mejores” casos, deportados hacia su país de origen. Y es de lamentar el jugoso negocio que significa la inmigración ilegal para la delincuencia organizada, exponiendo a los viajeros a costa de monetizar con sus sueños y necesidades.


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