El derecho a elegir — Capítulo I

La Noticia

Jueves

Regresaba tarde a casa una noche lluviosa de agosto, fue un día agotador. Después de cenar tomé una ducha fría, sólo quería descansar. Aun así, me tome la molestia de hacer las tareas, antes de quedarme dormido pasaba por mi mente, este pensamiento:

-Tal vez mañana sea mejor que hoy…

Viernes

Hoy fue un día interesante, de hecho, creo que todos los días lo son. Al despertar pude darme cuenta de que estaba brisando, ¡era un día muy frío!, lo que me despertó realmente fue el hambre, así que decidí ir a la cocina. De camino me di cuenta de que el cielo estaba repleto de nubes grises y el viento soplaba fuertemente, las gotas de brisa rosaban ligeramente mi rostro.

En la cocina encontré una caja de cereal, así que tomé un plato para servírmelo, empecé a comerlo sin ningún tipo de acompañamiento, posteriormente volví a mi cuarto para seguir durmiendo, pues había preferido desvelar hasta terminar todas mis tareas. Estuve despierto hasta las cuatro de la madrugada.

Nuevamente desperté, era casi medio día. Me levanté de la cama para ir directamente a la ducha, empecé a prepararme, pues debía ir al Instituto. Salí de casa antes de lo que comúnmente acostumbraba para pasar por el café internet de mi amigo Noel, debía imprimir una carta, estando ya en el Café Internet, me di cuenta de que había olvidado la memoria USB donde había guardado el documento. Noel me sugirió regresar para no dejarlo pendiente, pero aún debía llevarla a la secretaría de la PMT para que fuese aprobada, y regresar a casa solamente me haría perder mucho tiempo. Decidí postergarlo, no era una prioridad en ese momento. Así que me encaminé hacia el Instituto.

Habiendo pasado el famoso “Mural” pude ver a Valentina no muy lejos de donde estaba yo, ella estaba acompañada por una de sus amigas. Pensé en saludarlas cuando una voz suave me dijo:

– ¿Por qué la prisa?
Volteé hacia la izquierda y dije: ¡Madison!, sonriendo cordialmente.
Ella me vio a los ojos, escuché brevemente el suave tono una su risa mientras sostenía una bella sonrisa. Pregunté:

-¿Qué tal Madison?
 -¡Muy bien!, ¿y usted?
-Un poco cansado, qué puedo decir.
-Ya lo noté.

Madison llevaba consigo solamente un bolso, lo cual noté un tanto extraño por lo que no pude evitar preguntar:
– ¿Qué es lo que lleva usted dentro del bolso?
Con una bella sonrisa respondió: ¡Nada!
Un tanto inconforme ante tal respuesta dije: ya veo.

Y por un breve momento ninguno de los dos dijo ni una sola palabra, entonces ella decidió continuar con la conversación.


-¡Ropa!, eso es lo que traigo en el bolso.
-¿Algún evento especial?, pregunté.
-No, ¡ganas!

Resulta que Madison debía de asistir a una celebración familiar, ella iba preparada para no regresar a casa.

Seguimos conversando y mientras nos acercábamos al Instituto, pude darme cuenta de que Mateo bajaba de un taxi unas canastas y recipientes de aluminio frente a la entrada principal, para mi sorpresa Adrián, Javier y Romeo salieron para ayudarlo. Romeo dirigió su mirada hacia nuestra dirección, él se percató de que acompañaba a Madison y disgustado volteo rápidamente. Unas catedráticas que estaban cerca del lugar pudieron darse cuenta de lo sucedido y me lanzaron una mirada no tan disimulada. Estando dentro del Establecimiento me despedí de Madison diciendo:

-¿Nos vemos más tarde?
Ella respondió: te esperaré.

Me dirigí hacia el salón de clases, pude ver entrar a casi todos los compañeros, puse mi mochila sobre un pupitre y saludé a todos sin excepción. Algunos empezaron a inflar globos por lo que me acerque a Mateo a preguntarle:

– ¿Qué es lo que pasa?, ¿Por qué trajiste todo esto?
El respondió: ¡Ganamos las elecciones!
Sin pensarlo dos veces también empecé a inflar globos con los demás, por alguna extraña razón no todos compartían esa alegría…

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