75 años de revolución y 65 de ineptitud — Por José Gaytán


75 años han pasado desde la revolución de octubre de 1944, el descontento ciudadano por entre otras cosas los abusos de las empresas extranjeras contra las y los campesinos guatemaltecos impulsaron el derrocamiento de Federico Ponce Vaides, esto dio paso a una década de avances en Guatemala, encabezada por el Doctor Juan José Arévalo y posteriormente el Coronel Jacobo Arbenz, lastimosamente quienes vieron afectados sus intereses económicos y políticos impulsaron una campaña de desprestigio y desinformación para que la década de la primavera finalizara en 1954 cuando un golpe militar frustro la idea de reformar el país y acabo con el sueño de un estado justo para todos.

Las políticas estatales oficiales y no oficiales antes de 1944 y después de 1954 siguen favoreciendo a los de siempre, los rostros han cambiado pero las intenciones de dominar el país como dueños de la finca siguen siendo las mismas, los criollos que se adelantaron a firmar una falsa independencia antes de un casi inminente levantamiento indígena, perdieron el poder en 1944, perdieron tierras y esa forma esclavista de tratar a las y los guatemaltecos pero entonces se dieron cuenta que tenían aliados afuera, desde el norte se dio la orden, firmemente ejecutado por los esbirros malinchistas en 1954, un país que parecía por fin caminar volvió a las manos de quienes nunca, siquiera lo han dejado gatear, para mantenerse hasta el día de hoy en el poder no les ha importado arrasar aldeas completas, desaparecer a quienes los han señalado, expulsar a los que los cuestionan y modificar leyes a su favor.

Guatemala no es un país industrializado por más que quienes lo manejan quieran hacernos creer, Guatemala sigue siendo rural, desnutrida, pobre. Guatemala sigue muriendo a diario, en Camotán y Jocotán; quemándose con zafra en Escuintla y sufriendo partos quinceañeros en cualquier lugar del país.

Las problemáticas que hace 75 años impulsaron la revolución y un cambio en la administración política de Guatemala siguen estando presentes y con mayor énfasis en el interior de la República, los abusos, los robos de tierras, la militarización y represión son el diario vivir de los pobladores de los más recónditos lugares de nuestro país, los gobiernos civiles sobre todo los últimos dos con lazos evidentes con la cúpula militar, han fortalecido estas desigualdades, el Ejército de Guatemala sigue siendo el brazo armado de las familias que se han enriquecido con base en los abusos, despojos y violencia estructural contra los campesinos guatemaltecos.

Organizaciones rurales como el Comité de Unidad Campesina y el Comité de Desarrollo Campesino, han denunciado desde hace mucho tiempo los abusos que se cometen en el interior del país contra los más pobres y desprotegidos, debido a ello han sido criminalizados e incluso algunos encarcelados.

La revolución de 1944 nos ha dejado grandes lecciones, pero la contrarevolución de 1954 nos dejó una fila de gobiernos ineptos y serviles a la clase económica de este país, los dueños de la finca que camina al son del himno de Estados Unidos.


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